martes, 27 de septiembre de 2016

¡FINALMENTE FDA MEDIRÁ RESIDUOS DEL HERBICIDA GLIFOSATO EN ALIMENTOS!


La Administración de Drogas y Alimentos de USA, (FDA por sus siglas en inglés) informó que desde este año analizará la cantidad de residuos del glifosato en alimentos, el químico agrícola más usado del mundo. Esto a raíz de la presión pública, luego de que empresas alimentarias, grupos ambientalistas y consumidores solicitaron pruebas a laboratorios independientes para conocer la presencia de trazas en los alimentos, y los resultados concluyeron que las trazas de este herbicida estaban presentes en muchos alimentos e incluso la leche materna.
El anuncio ha sorprendido a muchos, ya que estas pruebas se deberían haber realizado desde hace mucho tiempo atrás, del mismo modo que se realizan con otros productos fitosanitarios, haciendo pensar que el FDA asumió que el glifosato era seguro y no era necesaria ninguna prueba. Un gran error, ya que incluso en productos fitosanitarios considerados seguros se realiza un seguimiento y pruebas oportunas para determinar la cantidad máxima de residuos del mismo que los alimentos pueden contener.

El glifosato, quizás más conocido como el ingrediente activo de RoundUp de Monsanto Co., juega un rol fundamental en la agricultura, y su usó ha crecido exponencialmente en la última década. Según un estudio publicado el 2 de febrero de 2016 en la revista Environmental Sciences Europe, investigadores encontraron que el uso agrícola del glifosato creció desde poco más de 12 mil toneladas en 1995 hasta 113 mil toneladas en 2014.

Los reguladores insisten que el glifosato es seguro, pero evidencias recientes sugieren lo contrario. En 2015 luego de un estudio que realizó, la IARC (Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS) declaró el glifosato como probable causante de cáncer, citando “evidencia limitada” de que el herbicida puede causar linfoma (no de Hodgkins) en humanos y “evidencia convincente” de que causa cáncer en ratas y ratones.

Agencias como la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) contradijeron esa conclusión, determinando que era poco probable que el glifosato supusiera un riesgo cancerígeno. Pero no por ello esta agencia ha dejado de hacer las pruebas oportunas para conocer la presencia de trazas del herbicida en los alimentos, algo que tenía que haber llevado a cabo la FDA.

La industria agrícola comenzó a usar glifosato en 1974, pero su uso era limitado porque el químico podía matar también al cultivo. Sin embargo, con la aparición de la soja y maíz genéticamente modificados para resistir al glifosato, los granjeros podían usar el químico durante toda la temporada de crecimiento. Con el tiempo, también se desarrollaron “súper malas hierbas” que desarrollaron resistencia al glifosato, por lo que los granjeros tuvieron que usar más químicos para mantenerlas bajo control.


En Estados Unidos, son millones las hectáreas cultivadas con alimentos transgénicos asociados al RoundUp y son millones los litros de herbicidas que se están utilizando, por lo que la penetración del herbicida en el medio ambiente es evidente, pudiendo detectar trazas de glifosatos en todo tipo de alimentos.

Con tanto glifosato flotando en estos días, no sorprende encontrarlo más allá de los campos. Un estudio alemán de 2012 encontró glifosato en todas las muestras de orina de gente en Berlín (trabajadores No agrícolas), en niveles de 5 a 20 veces el límite para el agua potable. Otros estudios encontraron rastros tampones dentro de paquetes sin abrir.
Según reporta el portal Gastronomía & Compañía, luego de análisis para determinar la presencia de trazas de glifosatos en productos alimenticios, los resultados están mostrando que el glifosato está presente en muchos alimentos, detectando trazas en cereales para el desayuno, en la miel, en la salsa soja, y hasta en la leche de fórmula infantil. 


Residuos de Glifosato en Miel



No hay límite legal para la cantidad de glifosato aceptable en los alimentos en los Estados Unidos, pero la Unión Europea ha establecido un 50 partes por billón (ppb) - límite en la cantidad de los residuos químicos que se considera seguro. Según las pruebas de la FDA “algo de la miel mostró niveles de residuos al doble del límite permitido en la Unión Europea”.

Las abejas están ingiriendo la sustancia química, ya que polinizan las plantas que han estado en contacto con el glifosato. Pero no son sólo las abejas utilizadas para polinizar los cultivos fumigados con el herbicida que lo trasladan a la colmena donde se produce la miel los afectados, documentos del FDA muestran trazas de residuos de glifosato en la miel de montaña orgánica, también.

Según explica el Huffington Post, los apicultores están profundamente frustrados “No entiendo cómo se supone que debo controlar el nivel de glifosato en mi miel cuando no estoy usando el RoundUp”, dijo un operador de una empresa de miel. “Es mi alrededor. Es injusto.” 
Es injusto para los que guardan las abejas, es injusto para los consumidores, y es injusto para las abejas. El glifosato también puede ser uno de los productos químicos que está contribuyendo al colapso de las colonias, y no hay manera para que las abejas o los apicultores puedan evitarlo.

Tiempo atrás se puso en duda la seguridad de los Organismos Genéticamente Modificados por varias razones. Una de ellas es que los transgénicos son “RoundUp-Ready”, fabricado con la capacidad para resistir al glifosato. Al ser un producto considerado seguro por la FDA, la brecha de que cantidades inadecuadas sean aplicadas por descuido está ahí, creando la amenaza de que altos niveles de residuos aparezcan en el suministro de alimentos.

Un informe del 17 de febrero de 2016, en la revista Salud Ambiental, urge a los científicos y reguladores que reconsideren el impacto a la salud y el ambiente que conlleva el uso cada vez mayor del glifosato. El equipo de científicos que publicó la declaración de consenso escribió que “Desde fines de los 80, fueron enviados a la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) solo unos pocos estudios relevantes a identificar y cuantificar los riesgos a la salud en humanos”. El informe pide “ciencia actualizada” para afrontar los niveles actuales de exposición.

Aunque tarde, ahora la FDA iniciará los análisis para conocer la cantidad de glifosato presente en los alimentos, lo que dará una mejor idea sobre el grado de exposición de los seres humanos y animales al herbicida.
En el ecosistema todo está conectado. La FDA puede examinar las trazas de residuos, pero los hallazgos serán inútiles si no se fijan límites para los residuos de glifosato en los alimentos. Sin límites los resultados son sólo números y no cambiarán nada. 

Monsanto emite declaración


Sobre este tema Monsanto se ha pronunciado explicando que la FDA no ha confirmado de forma oficial que lleve a cabo las mencionadas pruebas y análisis. La compañía explica que 40 años de historia del glifosato han demostrado que se trata de un herbicida seguro que además está avalado por la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) y agencias reguladoras de todo el mundo. Si la FDA realiza las pruebas indicadas de una forma científica y rigurosa, Monsanto declara que “se reafirmará el perfil de seguridad que tiene este herbicida como herramienta vital, usada de manera segura y efectiva por granjeros, propietarios de tierra y de vivienda de todo el mundo.”
Seguramente hasta el próximo año no conoceremos los resultados de los análisis que se realicen en los laboratorios del FDA.


lunes, 19 de septiembre de 2016

RESPONSABILIDAD DE TODOS: INOCUIDAD DEL CAMPO A LA MESA

Las altas expectativas del consumidor de contar con productos seguros y accesibles nos obligan a redoblar los esfuerzos de los diferentes eslabones de la cadena.




La inocuidad alimentaria es una responsabilidad que va del campo a la mesa: producción, procesamiento, consumo.

La inocuidad alimentaria significa que "los alimentos no generarán ningún daño al consumidor, teniendo el cuidado de respetar las directrices de uso previsto para su preparación y consumo".
Los alimentos que comemos están menos expuestos a ciertos riesgos que en el pasado, ya que han mejorado las medidas de gestión de riesgos para prevenirlos y controlarlo, por ejemplo, gracias a métodos de conservación como la pasteurización, estándares de higiene más altos, una mejora en el almacenamiento y las condiciones de transporte y mejores prácticas en el uso de productos agroquímicos.

En Europa, continente integrado en su mayoría por países altamente industrializados, la UE intensificó la atención que prestaba a los alimentos y su seguridad a raíz de incidentes importantes como los primeros casos confirmados de encefalopatía espongiforme bovina (enfermedad de las "vacas locas") en el Reino Unido, en 1986; la contaminación por dioxinas de piensos y alimentos en Bélgica, en 1999; y, las aflatoxinas en nueces de pistacho en 1998.
Se desarrolló un enfoque integrado centrado en la evaluación de riesgos y se pusieron en marcha nuevas regulaciones con un mandato de trazabilidad, higiene, análisis de peligros y puntos críticos de control (APPCC) y la retirada de productos no seguros del mercado. Asimismo, en 2002 se creó una nueva Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria independiente para apoyar la evaluación de riesgos para los alimentos y los piensos. La inocuidad alimentaria sigue siendo una de las principales prioridades de los gobiernos y el sector privado en Europa.

La inocuidad alimentaria es una responsabilidad compartida, del campo a la mesa se basa en los esfuerzos de todos los agentes implicados en la cadena alimentaria: producción agrícola, procesamiento, transporte y consumo.
  • Los productores de alimentos de toda la cadena de suministro están obligados a utilizar sistemas eficaces para gestionar la inocuidad alimentaria, sistemas de prevención de riesgos, como el APPCC; Buenas Prácticas de Fabricación (BPF) o Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Esto debe ir acompañado de programas que incluyan requisitos previos como, por ejemplo: formación del personal, limpieza y saneamiento eficaces, control de alérgenos, control de plagas, y programas de seguimiento y pruebas continuos. Las auditorías de inocuidad alimentaria garantizan que estas prácticas se realizan de manera uniforme y efectiva. 
  • Los consumidores también deben conocer y practicar hábitos de inocuidad alimentaria en su vida cotidiana, por ejemplo: respetando las instrucciones de almacenamiento y de cocción, comprobando las fechas de caducidad de los alimentos y practicando buenas condiciones de higiene, tanto a nivel personal como en la cocina. 

Cadena Alimentaria Mundial



La industria alimentaria no funciona de manera aislada, sino que forma parte de una compleja cadena de suministro mundial, en la que se cultivan, crían, procesan y distribuyen alimentos. Esto permite a la industria ofrecer alimentos frescos y asequibles al consumidor durante todo el año. Para los productores de alimentos, abastecerse de productos a nivel internacional permite ahorrar costes y ofrecer un suministro continuo de ingredientes. 

Asimismo existen retos añadidos a la hora de garantizar que los alimentos se produzcan de forma higiénica y segura en regiones geográficamente distantes, y que sigan siendo seguros para el consumo en el momento en que llegan a los consumidores. Las cadenas de suministro más prolongadas aumentan los tiempos de transporte, el riesgo de daños, el deterioro general de la calidad o incluso la pérdida de las mercancías en tránsito. Se requieren esfuerzos considerables para hacer un seguimiento eficaz de los productos a lo largo de estas complejas cadenas de suministro. 

El fraude alimentario, una práctica ilegal a menudo impulsada por intereses financieros, también puede ser un reto adicional para la inocuidad alimentaria. Si bien el fraude alimentario no compromete necesariamente la inocuidad de los alimentos, algunos incidentes de fraude alimentario (por ejemplo: la adulteración de leche de fórmula infantil con melamina en China, en 2008) han dado lugar a graves consecuencias para la salud pública. Otros incidentes de fraude alimentario reflejan las vulnerabilidades de los sistemas de garantía de la calidad de la cadena de suministro (por ejemplo: la dilución de aceite de girasol y oliva con aceites más baratos, la mezcla no reconocida de jarabe de glucosa y miel, la adulteración de productos de carne de vacuno con carne más barata y la adulteración de arroz basmati con variedades de arroz más barato). 


Normas y Prácticas de Inocuidad Alimentaria

Desde 1963, la Comisión del Codex Alimentarius ha proporcionado una serie de normas alimentarias internacionales (Ej.: la “Norma General para los Aditivos Alimentarios” o GSFA, por sus siglas en inglés), directrices (Ej.: “Directrices sobre sistemas de control de las importaciones de alimentos”) y códigos de prácticas (Ej.: “Código de prácticas para la prevención y reducción de la contaminación de las nueces de árbol por aflatoxinas”). Las normas del Codex son a menudo la base de legislaciones nacionales; contribuyendo así a la armonización internacional de la normativa de inocuidad alimentaria y respaldando el objetivo de ofrecer unos alimentos “seguros y buenos para todos, en cualquier lugar”.




jueves, 1 de septiembre de 2016

TENDENCIAS EN INOCUIDAD PARA LA CADENA DE ALIMENTOS

 Una perspectiva de la inocuidad alimentaria es dar mayor énfasis en demostrar la confiabilidad de los controles en materias primas, insumos y servicios.


Actualmente uno de los principales retos de las empresas es generar productos que satisfagan las necesidades del consumidor, el entorno y las tendencias mundiales. Las tecnologías que se utilizan hoy en día para conservar los alimentos se enfrentan a las nuevas demandas de la industria de alimentos, las cuales están enfocadas a generar productos “naturales”, poco procesados y con menor cantidad de aditivos sintéticos. Asimismo, productos que conserven los nutrientes originales, con larga vida de anaquel y utilicen envases convenientes a las necesidades del consumidor.  

La industria también está presionada en atender las demandas ambientales, de hacer un uso eficiente de los recursos naturales y reducir la contaminación proveniente de los envases. Un entorno complejo que pone de manifiesto la necesidad de cubrir todas estas condiciones sin comprometer la inocuidad de los productos, y al mismo tiempo lograr una adecuada relación costo-beneficio que permita mantener la competitividad.

Tendencias

Para quienes están relacionados a la industria de alimentos, y particularmente para quienes son responsables de dirigir y preparar a sus empresas para el presente - futuro, es importante conocer las perspectivas de inocuidad alimentaria para los próximos años. 
A continuación se muestran algunas de las más relevantes:

  • La presión y la exigencia de las autoridades y de los mismos mercados para que se cumplan los requisitos de inocuidad alimentaria sigue en aumento, siendo más fuerte para quienes están en el mercado internacional y quienes son proveedores de empresas trasnacionales y líderes en el mercado.  
  • Mayor presión de contar con un  sistema de gestión de inocuidad de alimentos certificado, a través de un tercero externo.
  • En cuanto al Sistema HACCP, se espera mayor énfasis en el Análisis de Peligros, la Evaluación del Riesgo y la Validación,  de tal forma que sea posible: demostrar que fueron considerados todos los peligros potenciales, que la evaluación del riesgo cuenta con sustento científico e histórico, y se demuestra la efectividad de las medidas de control implementadas en el Plan HACCP. 
  • Mayor preocupación en el mercado por los peligros químicos, principalmente por el uso de  sustancias que pueden presentar efectos en la salud del consumidor a largo plazo. Asimismo, cabe esperar mayor controversia en el mercado sobre el uso de aditivos y sustancias químicas utilizadas en la industria de alimentos y los sectores primarios (agrícola y pecuario).
  • Mayor presión por utilizar tecnologías de detección de patógenos a través de identificación molecular (Ej. PCR) y  técnicas analíticas más sensibles para detección de residuos químicos.
  • Será necesario contar con personal que posea un mayor entendimiento de conceptos referentes a ecología microbiana, epidemiología, persistencia, inactivación y crecimiento de patógenos,  así como reservorios y ambientes favorables.  De igual forma del uso e interpretación de modelos matemáticos y conceptos de estadística.
  • Mayor presión por tener trazabilidad externa confiable, a través de medios electrónicos como los identificadores de radio frecuencia (RFID), al igual que mecanismos de comunicación más ágiles con los clientes.
  • Mayor uso de dispositivos para vigilancia de condiciones en tiempo real como la temperatura durante la distribución.
  • Mayor presión por contar con instalaciones adecuadas, en cuanto a diseño y acabados sanitarios.
  • Mayor énfasis en demostrar la confiabilidad de los controles de inocuidad que tienen los proveedores tanto de materias primas como insumos y servicios.
  • Derivado de la presión por ahorro en costos, mayor énfasis en  tener capacidad para detectar adulteración intencional por parte de proveedores por el uso materiales más económicos, así como realizar pruebas que validen la autenticidad y origen de los materiales. 
  • Presión para los proveedores de insumos, equipos, utensilios y servicios de la industria de alimentos de cumplir con requisitos de inocuidad, y también contar con certificaciones o evidencias científicas que sustenten la efectividad e idoneidad de sus productos.
  • Esfuerzos por armonizar y homologar criterios y regulaciones de los diferentes países, así como de los mismos esquemas de certificación. 
  • Derivado de la facilidad al acceso a la información, se  están teniendo consumidores más informados y conscientes.  Sin embargo, los consumidores se sentirán más confundidos por información controvertida sobre el uso de algunas sustancias químicas como aditivos, hormonas y  antibióticos, entre otras.
  • Mayor vulnerabilidad de las empresas ante el intercambio de experiencias negativas de los consumidores en redes sociales. 
  • La investigación y desarrollo tecnológico seguirá trabajando en búsqueda de soluciones tecnológicas, como lo son las aplicaciones de radiación (UV e infrarroja), energía electromagnética, inactivación fotodinámica de microorganismos, ultra alta-presión, ultra-sonido, almacenamiento isobárico (baja presión). 
  • Particularmente para los productos listos para consumir perecederos, desarrollo de tecnologías que generen productos más robustos, capaces de soportar el mal manejo que éstos pueden sufrir durante la distribución y comercialización, así como mejores formas de informar y concienciar al consumidor sobre el manejo adecuado de estos productos.

Aunque el panorama se avizora complejo y con retos, las oportunidades están presentes para quienes desarrollen habilidades de relacionarse con las autoridades y organismos líderes de opinión y trabajar en alianzas. Asimismo, de aquellos que busquen establecer formas de trabajo sistemáticas para generar la inocuidad, pero al mismo tiempo no pierdan agilidad y flexibilidad para adaptarse y actualizarse.

La mayor oportunidad en el mercado está en generar soluciones más económicas que permitan que las empresas pequeñas y medianas, así como los establecimientos que preparan y venden alimentos, puedan cumplir con todos los requerimientos de inocuidad que el mercado les exige.

Sin duda, visualizar el futuro permite aprovechar el tiempo y generar estrategias en las que sea posible transformar los retos en oportunidades generando ventajas competitivas.

Fuente: Revista Enfásis